VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?” (Ver. 1).
COMENTARIO HISTÓRICO DE SALMOS 22.
Este salmo representa la experiencia del salmista, pero también es una tipología del sufrimiento del Mesías: DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS DESAMPARADO? Este grito de angustia lo dijo Cristo cuando estaba colgado en la cruz. Dios permitió que su Hijo amado, lleno de gracia y de verdad, viniese de un mundo de indescriptible gloria a esta tierra corrompida y manchada por el pecado, obscurecida por la sombra de muerte y maldición. Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir vergüenza, insultos, humillación, odio y muerte. ¡Miradlo en el desierto, en el Getsemaní, sobre la cruz! El Hijo inmaculado de Dios tomó sobre sí la carga del pecado. El que había sido uno con Dios sintió en su alma la terrible separación que el pecado crea entre Dios y el hombre. Esto arrancó de sus labios el clamor: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?” Fue la carga del pecado, el reconocimiento de su terrible enormidad y de la separación que causa entre el alma y Dios, lo que quebrantó el corazón del Hijo de Dios” (CC 13).
CITA SELECTA.
“A la hora nona, las tinieblas se elevaron de la gente, pero siguieron rodeando al Salvador. Eran un símbolo de la agonía y horror que pesaban sobre su corazón. Ningún ojo podía atravesar la lobreguez que rodeaba la cruz, y nadie podía penetrar la lobreguez más intensa que rodeaba el alma doliente de Cristo. Los airados rayos parecían lanzados contra él mientras pendía de la cruz. Entonces “exclamó Jesús a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani?” “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Cuando la lobreguez exterior se asentó en derredor del Salvador, muchas voces exclamaron: La venganza del cielo está sobre él. Son lanzados contra él los rayos de la ira de Dios, porque se declaró Hijo de Dios. Muchos que creían en él oyeron su clamor desesperado” (DTG 702).
DESAFÍO PARA HOY:
Meditemos en el proceso que tuvieron que hacer el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo para proveernos la salvación. Expresemos nuestra gratitud a Cristo por morir por nosotros en la cruz.
ORACIÓN:
PADRE, NOS POSTRAMOS EN GRATITUD PORQUE ENVIASTE A TU HIJO AMADO PARA QUE OCUPARA NUESTRO LUGAR. GRACIAS CRISTO POR SUFRIR Y MORIR LA MUERTE SEGUNDA QUE NOSOTROS MERECÍAMOS. POR JESÚS, AMÉN.