VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
“Aunque sé muy bien que esto es cierto, ¿cómo puede un mortal justificarse ante Dios?” (Ver. 2).
COMENTARIO HISTÓRICO DE JOB 9.
La parábola del fariseo y el publicano ejemplifica la justificación. El fariseo creía que por “hacer algo” y por no “hacer lo que los malos hacían” creía que su conducta lo calificaba para ser justificado ante Dios, pero volvió a su casa sin recibir nada. El publicano, se sentía tan indigno que no se animaba a levantar su rostro al cielo, como era la costumbre judía, solo atinó a decir: “Señor sé propicio a mí pecador”, El Señor inmediatamente lo declaró “JUSTIFICADO”, solo los méritos de Cristo lo podían declarar sin pecado. Por esta razón, la justificación es un acto legal o judicial, donde se declara inocente al pecador, porque Cristo pagó el rescate.
La declaración más sublime de justificación por la realizó Elena de White: “Es la obra de Dios que abate en el polvo la gloria del hombre, y hace por el hombre lo que éste no puede hacer por sí mismo” (TM 456).
Dios nos justifica por medio de su JUSTICIA IMPUTADA E IMPARTIDA:
1) La justicia por la cual somos justificados o por la cual se perdona nuestros pecados es IMPUTADA, es nuestro derecho al cielo. Esta justicia es acreditada por los méritos de Cristo en nuestro favor;
2) La justicia IMPARTIDA, es la gracia divina que se nos otorga cada día, para que podamos ser idóneos para llegar al cielo.
CITA SELECTA.
“El divino Intercesor aboga en favor de todos los que han vencido por la fe en su sangre para que se les perdonen sus transgresiones, a fin de que sean restablecidos en su morada edénica y coronados con él coherederos del “señorío primero”. Con sus esfuerzos para engañar y tentar a nuestra raza, Satanás había pensado frustrar el plan que Dios tenía al crear al hombre, pero Cristo pide ahora que este plan sea llevado a cabo como si el hombre no hubiese caído jamás. Pide para su pueblo, no solo el perdón y la justificación, plenos y completos, sino además participación en su gloria y un asiento en su trono” (CS 475).
DESAFÍO PARA HOY:
Recordemos que para ser justificados debemos reconocer que no tenemos nada bueno, y que necesitamos los méritos salvíficos de Cristo para que nuestras faltas sean justificadas y perdonadas.
ORACIÓN:
PADRE, VENIMOS COMO EL PUBLICANO, CON LOS PECADOS QUE NOS AGOBIAN. TE SUPICLAMOS QUE NOS DECLARES JUSTOS POR LOS MÉRITOS DE CRISTO Y QUE NOS DES LA IDONEIDAD PARA IR AL CIELO. POR JESÚS, AMÉN.