1 SAMUEL 26. QUE DIOS EJECUTE EL JUICIO CONTRA LOS DETRACTORES.

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:

“Le ruego a Su Majestad que escuche mis palabras. Si quien lo mueve a usted en mi contra es el Señor, una ofrenda bastará para aplacarlo. Pero si son los hombres, ¡que el Señor los maldiga! Hoy me expulsan de esta tierra, que es la herencia del Señor, y me dicen: “¡Vete a servir a otros dioses!” (Ver. 19).


COMENTARIO HISTÓRICO DE 1 SAMUEL 26.

En esta sección se narra la segunda oportunidad que tuvo David de matar a Saúl. Aunque algunos eruditos han sostenido que existen una duplicación de este suceso, las diferencias entre el relato del capítulo 24 y del capítulo 26 son las siguientes:

1) Los habitantes de Sif son los que promueven la persecución de David;

2) David no se esconde en una cueva, sino que va acompañado de Ahimelec y de Abisay hasta el campamento donde está durmiendo Saúl. Roban su lanza y su jarra con agua;

3) En el relato anterior, sus soldados le piden a David que le quite la vida a Saúl; en este episodio, Abisay, solicita permiso para matar a Saúl.

Después que David viera la forma en que Dios quitó la vida de Nabal por sus actos perversos y arrogancia, David comprende que su vida está bajo el control divino, por lo que no debía preocuparse por su futuro. David encara a la guardia del rey por no haber cuidado la vida de Saúl. Cuando el rey descubre que era la voz de David, reconoce por segunda vez que su vida ha sido preservada. David recomienda a Saúl que no oiga consejos equivocados.  

CITA SELECTA.

“Nuevamente confesó el rey, diciendo: “He pecado; vuelve, David, hijo mío, que ya no te haré ningún mal, porque mi vida ha sido estimada preciosa hoy a tus ojos. He obrado neciamente, he cometido un gran error. David respondió: “Aquí está la lanza del rey; pase acá uno de los criados y tómela”. No obstante que Saúl había hecho la promesa: “Ningún mal te haré”. David no se entregó en sus manos. Este segundo caso en que David respetaba la vida de su soberano hizo una impresión aún más profunda en la mente de Saúl, y arrancó de él un reconocimiento más humilde de su falta… Saúl exclamó: “Bendito seas tú, David, hijo mío” (PP 658).

DESAFÍO PARA HOY:

Imitar la conducta de David: no se vengó por medio de sus propias manos. Esperemos los “tiempos de Dios”, para reconocer que Él nos ama y que actuará cuando vea apropiado en nuestro beneficio.

OREMOS:

DIOS, NUESTRO ESCUDO Y PROTECTOR. TE PEDIMOS QUE NOS AUMENTES LA FE, PARA CONFIAR QUE TÚ TIENES EL CONTROL DE NUESTRAS VIDAS. TE SUPLICAMOS QUE NOS LIBRES DE TODA INJUSTICIA. POR JESÚS, AMÉN. 

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