VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
“Todo israelita o inmigrante que hubiera matado accidentalmente a alguien podría huir hacia una de esas ciudades para no morir por mano del vengador del delito de sangre, antes de ser juzgado por la asamblea” (Ver. 9).
COMENTARIO HISTÓRICO DE JOSUÉ 20.
Josué cumplió la orden dada por Moisés de separar seis ciudades como lugares de refugio: “Las ciudades de refugio estaban distribuidas de tal manera que había de uno a medio día de viaje de cualquier parte del país. Los caminos que conducían a ellas habían de conservarse en buen estado; y a lo largo de ellos se habían de poner postes que llevaran en caracteres claros y distintos la inscripción “Refugio” o “Acogimiento” para que el fugitivo no perdiera un solo momento. Cualquiera, ya fuera hebreo, extranjero o peregrino, podía valerse de esta medida. Pero si bien no se debía matar precipitadamente al que no fuera culpable, el que lo fuera no había de escapar al castigo. El caso del fugitivo debía ser examinado con toda equidad por las autoridades competentes, y sólo cuando se comprobaba que era inocente de toda intención homicida podía quedar bajo la protección de las ciudades de asilo. Los culpables eran entregados a los vengadores. “El que saliera de los límites prescritos y fuera encontrado por el vengador de la sangre, pagaba con su vida la pena que entrañaba el despreciar las medidas del Señor” (PP 551).
CITA SELECTA.
“El mismo Salvador misericordioso que designó esas ciudades temporales de refugio proveyó por el derramamiento de su propia sangre un asilo verdadero para los transgresores de la ley de Dios, al cual pueden huir de la segunda muerte y hallar seguridad. No hay poder que pueda arrebatar de sus manos las almas que acuden a él en busca de perdón…
El pecador está expuesto a la muerte eterna hasta que encuentre un escondite en Cristo; y así como la demora y la negligencia podían privar al fugitivo de su única oportunidad de vivir, también pueden las tardanzas y la indiferencia resultar en ruina del alma” (PP 553).
DESAFÍO PARA HOY:
Hoy no tenemos ciudades de refugio para ir a cobijarnos, pero podemos refugiarnos en los brazos de Cristo, quien es nuestro Salvador, la Roca de auxilio y nuestros Protector.
ORACIÓN:
PADRE NUESTRO, TE CANTAMOS CON ALEGRÍA: DIOS ES NUESTRO AMPARO Y FORTALEZA, NUESTRO PRONTO AUXILIO EN LAS TRIBULACIONES. TE PEDIMOS QUE SIEMPRE SEAS NUESTRO LUGAR DE REFUGIO. POR JESÚS, SOR AMÉN.