DEUTERONOMIO 34. DESAFÍO: IMITAR LA VIDA Y MINISTERIO DE MOISÉS

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: 

“Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor” (Ver. 7).

COMENTARIO HISTÓRICO DE DEUTERONOMIO 34.

Imaginémonos estas escenas sublimes: Moisés se apartó de la congregación a quien había dirigido durante cuarenta años, se encaminó silencioso y solitario hacia la ladera del monte para subir “al monte de Nebo, a la cumbre de Pisga”, nadie lo acompaña, él va solo. Contempló la tierra prometida desde el mar Grande con sus aguas azules. Al norte, el Monte Hermón; al este, estaba la planicie de Moab, y más allá se extendía Basán, escenario del triunfo de Israel; y muy lejos hacia el sur, se veía el desierto de sus largas peregrinaciones. Su muerte marcó el final de un liderazgo exitoso. Dios mismo enterró a Moisés (Deut. 34:6). Pero no permaneció mucho tiempo en la tumba. Cristo mismo resucitó a Moisés y apareció en el monte de la transfiguración (Mat. 17:3, 4).

CITA SELECTA.

“En completa soledad, Moisés repasó las vicisitudes y penurias de su vida desde que se apartó de los honores cortesanos y de su posible reinado en Egipto, para echar su suerte con el pueblo escogido de Dios. Evocó aquellos largos años que pasó en el desierto cuidando los rebaños de Jetro; la aparición del Ángel en la zarza ardiente y la invitación que se le diera de librar a Israel. Volvió a presenciar, por el recuerdo, los grandes milagros que el poder de Dios realizó en favor del pueblo escogido, y la misericordia longánime que manifestó el Señor durante los años de peregrinaje y rebelión. A pesar de todo lo que Dios había hecho en favor del pueblo, a pesar de sus propias oraciones y labores, solamente dos de todos los adultos que componían el vasto ejército que salió de Egipto, fueron hallados bastante fieles para entrar en la tierra prometida. Mientras Moisés examinaba el resultado de sus arduas labores, casi le pareció haber vivido en vano su vida de pruebas y sacrificios. No se arrepentía, sin embargo, de haber llevado tal carga. Sabía que Dios mismo le había asignado su misión y su obra” (PP 505).

DESAFÍO PARA HOY:

Al terminar de leer la vida de Moisés, debemos expresar nuestra admiración por este gran líder que tuvo el pueblo de Israel. Pidamos a Dios imitar sus cualidades.

ORACIÓN:

PADRE, TE DAMOS GRACIAS POR LA REVELACIÓN DEL LIBRO DEL DEUTERONOMIO. TE SUPLICAMOS QUE LEVANTES EN TU IGLESIA A LÍDERES QUE COMO MOISÉS, QUE SE PREOCUPEN POR DIRIGIRLA CON AMOR. POR JESÚS, AMÉN. 

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