LEVÍTICOS 8. ¿ESTAMOS CONSAGRADOS EN ESPÍRITU, MENTE Y CUERPO?

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:

“Siete veces roció el aceite sobre el altar, para ungirlo y consagrarlo junto con el lavamanos y su base, y todos sus utensilios. Luego, para consagrar a Aarón, lo ungió derramando sobre su cabeza el aceite de la unción” (Ver. 11, 12). 

COMENTARIO HISTÓRICO DE LEVÍTICOS 8.

Moisés convoca a todo el pueblo de Israel para que pudieran observar la consagración de Aarón y de sus hijos como sacerdotes de Dios. En primer lugar, inviste a Aarón como el primer sumo sacerdote y a sus cuatro hijos como sacerdotes.

En segundo lugar, los unge con aceite para consagrarlos en el sacerdocio.

En tercer lugar, se ofician los sacrificios por el perdón de los pecados, el sacrificio del holocausto el sacrificio por la consagración, y las ofrendas de cereales.

Durante siete días se repitieron los mismos sacrificios, y no pudieron salir del santuario hasta completar la ceremonia de la dedicación. Ésta gran ceremonia de dedicación tenía como propósito comprender la santidad de Dios.

Por otro lado, se convierte en un desafío para los adoradores a mantenernos santos, porque adoramos a un Dios Santo:

“Hay que mantener puro y sin contaminación el sagrado templo del cuerpo, para que el Santo Espíritu de Dios pueda morar en él. Debemos conservar fielmente la propiedad del Señor, porque cualquier exceso que cometamos con nuestras facultades acortará el tiempo en que nuestra vida pueda ser usada para gloria de Dios” (DC 50).

CITA SELECTA.

“Algunos dirán, tratando de disculparse: “Mis deberes domésticos y mis hijos exigen todo mi tiempo y todos mis recursos”. Padres, vuestros hijos pueden ser para vosotros una ayuda que acreciente vuestras fuerzas y capacidades de trabajar para el Maestro. Los niños son los miembros más jóvenes de la familia del Señor. Deben ser inducidos a consagrarse a Dios, a quien pertenecen por derecho de creación y de redención. Se les debe enseñar que todas sus energías del espíritu, del cuerpo y del alma pertenecen al Señor. No permitáis que vuestros hijos sean impedimentos” (CPI 108).

DESAFÍO PARA HOY:

Considerando que Dios es santo y nos demanda que todos seamos santos, decidamos consagrarnos todos los días de nuestra vida para alcanzar la santidad en espíritu, alma y cuerpo.

OREMOS:

PADRE, QUE CADA DÍA PODAMOS ADMIRAR TU SANTIDAD, PARA QUE PODAMOS CONSAGRARNOS JUNTO CON NUESTRA FAMILIA Y MIEMBROS DE TU IGLESIA, EN CUERPO, MENTE Y ESPÍRITU. POR JESÚS, AMÉN.

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