HECHOS 5. NO TRATEMOS DE ENGAÑAR A DIOS COMO ANANÍAS Y SAFIRA

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:

“Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Ver. 4).

COMENTARIO HISTÓRICO DE HECHOS 5.

Este capítulo desarrolla tres temas:

1) Ananías y Safira decidieron vender una propiedad y entregar la totalidad del dinero a la iglesia. Sin embargo, les entró la codicia y escondieron parte de dinero de la venta. En el mismo momento de tratar de engañar a los apóstoles, sufrieron el castigo divino, Dios quería salvaguardar la pureza de su iglesia. Ananías y Safira fueron juzgados por su hipocresía y por querer mentir a Dios;

2) La iglesia continuó su crecimiento, gracias a los dones de sanidad que el Espíritu Santo les otorgaba a los apóstoles;

3) La segunda persecución contra los apóstoles por parte de liderazgo judío, sin embargo, estas pruebas, los llevaban a aumentar las oraciones para obtener más fuerzas.

La experiencia de Ananías y Safira dejan dos lecciones para los creyentes de la actualidad:

1) CUMPLAMOS NUESTRAS PROMESA A DIOS. “Está aumentando el número de los que cometen el pecado de Ananías y Safira. Los hombres no mienten al hombre, sino a Dios, en su descuido de las promesas que su Espíritu les indujo a realizar.” (CM 328);

2) DEVOLVAMOS LOS DIEZMOS. Pero hay algunos que son culpables del mismo pecado que cometieron Ananías y Safira, pues piensan que, si retienen una porción de lo que Dios pide en el sistema del diezmo, los hermanos no lo sabrán nunca” (CI 507).

CITA SELECTA.

“Ananías y Safira fueron engañadores que pretendían hacer un sacrificio completo delante de Dios, cuando en realidad guardaban para sí con avaricia parte de la ofrenda. El Espíritu de verdad reveló a los apóstoles el carácter verdadero de aquellos engañadores, y el juicio de Dios libró a la iglesia de aquella inmunda mancha que empañaba su pureza. Esta señal evidente del discernimiento del Espíritu de Cristo en los asuntos de la iglesia llenó de terror a los hipócritas y a los obradores de maldad. No podían éstos seguir unidos a los que eran, en hábitos y en disposición, fieles representantes de Cristo; y cuando las pruebas y la persecución vinieron sobre éstos, sólo los que estaban resueltos a abandonarlo todo por amor a la verdad, quisieron ser discípulos de Cristo” (CS 48)

ORACIÓN:

PADRE, TE PEDIMOS PERDÓN POR NO CUMPLIR LAS PROMESAS QUE TE HEMOS REALIZADO. RECONOCEMOS QUE NO TE ESTAMOS DEVOLVIENDO LOS DIEZMOS. TE PEDIMOS QUE NOS HAGAS MÁS AGRADECIDOS. POR JESÚS, AMÉN.

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