JUAN 21. ACEPTAR LOS DESIGNIOS QUE DIOS TIENE PARA NUESTRA VIDA

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:

“De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; más cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme” (Ver. 18, 19).

COMENTARIO HISTÓRICO DE JUAN 21.

Juan junto a seis apóstoles, estaban en el mar de Galilea, o lago de Tiberíades, cumpliendo el mandato que Jesús les diera, para que se encontraran en ese lugar.

Siendo que eran pescadores de profesión, Pedro los anima a ir a pescar, y los demás aceptan la invitación. Trabajaron toda la noche, pero no pescaron nada. Al amanecer, Jesús aparece en la playa y les pregunta si tienen algo para comer, ellos le responden que no.

Jesús les pide que lancen la red a la derecha, es decir al lugar donde había poca agua y que hacía imposible que los peces no huyan de la red, de esta manera el milagro sería mucho más visible. Cuando lazaron la red, sacaron 153 peces.

La historia bíblica resalta que Jesús tenía un pescado sobre las brasas, para enseñarles que siempre estaría para suplir todas sus necesidades.

En la última parte del capítulo, se narra la entrevista que sostuvieron Jesús y Pedro. Pedro lo había negado públicamente en tres oportunidades, por esa razón, Jesús, les da tres oportunidades para que declare en forma pública que lo ama.

Después de reivindicarlo al ministerio sagrado, Jesús le anuncia que tendría la oportunidad de continuar pastoreando a los corderos y a las ovejas. Por último, le dijo que moriría crucificado como lo fue su Maestro.

CITA SELECTA.

“Pedro, judío y extranjero, fue condenado a ser azotado y crucificado. Mientras esperaba su temible muerte, el apóstol recordó su gran pecado al negar a Jesús en la hora de su prueba, y su único pensamiento era que no era digno del inmenso honor de morir tal como murió su Maestro. Se había arrepentido sinceramente de su pecado, y Cristo se lo había perdonado… Pero él mismo nunca se pudo perdonar. Ni siquiera el pensamiento de las agonías de la última terrible escena podía aminorar la amargura de su pesar y su arrepentimiento. Como un último favor solicitó a sus verdugos que lo clavaran en la cruz cabeza abajo. Se le concedió lo que pedía y así murió el gran apóstol Pedro” (HR 331).

OREMOS:

PADRE, TE DAMOS GRACIAS, PORQUE LA LECTURA DE LOS EVANGELIOS, NOS HAN PERMITIDO CONOCER MEJOR EL PLAN DE SALVACIÓN. HEMOS DISFRUTADO AL LEER SUS SERMONES, ENSEÑANZAS Y MILAGROS. POR JESÚS, AMÉN.

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