VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
“Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Ver. 11).
COMENTARIO HISTÓRICO DE JUAN 8.
Juan señala que Jesús se fue al monte de las Olivas para comunicarse en oración con su Padre durante toda la noche. Después tener esta comunicación, bajo a Jerusalén para cumplir su misión. Estaba enseñando en el templo, cuando los maestros de la ley y los fariseos le presentaron a una mujer que había sido encontrada en adulterio, con el fin de tenderle una trampa que lo comprometiera con las autoridades romanas. “Al par que profesaban reverencia por la ley, los rabinos, al presentar la acusación contra la mujer, estaban violando lo que la ley establecía. Era el deber del esposo iniciar la acción contra ella. Y las partes culpables debían ser castigadas por igual. La acción de los acusadores no tenía ninguna autorización. Jesús, por lo tanto, les hizo frente en su propio terreno. La ley especificaba que, al castigar por apedreamiento, los testigos del caso debían arrojar la primera piedra. Levantándose entonces, y fijando sus ojos en los ancianos maquinadores, Jesús dijo: “El que de vosotros esté sin pecado, arroje contra ella la primera piedra”. En este capítulo, Jesús presenta un desafío: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. El conocimiento de la verdad no solo debe ser intelectual, sino vivencial. Siendo que Jesús es la verdad personalizada, el conocerlo, nos libera de la esclavitud del pecado y nos hace libre para elegir lo bueno, justo y santo.
CITA SELECTA.
“Con asombro vio a sus acusadores apartarse mudos y confundidos; luego cayeron en sus oídos estas palabras de esperanza: “Ni yo te condeno: vete, y no peques más.” Su corazón se enterneció, y se arrojó a los pies de Jesús, expresando con sollozos su amor agradecido, confesando sus pecados con amargas lágrimas. Esto fue para ella el principio de una nueva vida, una vida de pureza y paz, consagrada al servicio de Dios. Al levantar a esta alma caída, Jesús hizo un milagro mayor que al sanar la más grave enfermedad física. Curó la enfermedad espiritual que es para muerte eterna. Esa mujer penitente llegó a ser uno de sus discípulos más fervientes” (DTG 426).
ORACIÓN:
SEÑOR Y DIOS NUESTRO, GRACIAS PORQUE POR LA SANGRE DE CRISTO, PERDONAS TODOS NUESTROS PECADOS. TE SUPLICAMOS QUE NO SEAMOS ACUSADORES DE NUESTROS HERMANOS, SINO QUE SEAMOS RESTAURADORES DE LOS QUE HAN CAÍDO EN PECADO. POR JESÚS, AMÉN.