VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
“La cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Y el centurión, que estaba frente a Jesús, al oír el grito y ver cómo murió, dijo: ¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!” (Vers. 38, 39).
COMENTARIO HISTÓRICO DE MARCOS 15.
Al amanecer llevaron a Jesús ante Pilato para que diera la orden de crucificarlo. Pilato sabía que Jesús era inocente, pero no hizo caso a su conciencia con tal de complacer a los líderes religiosos judíos, pensaba que al darle lo que pedían, se perpetuaría en el cargo, pero a pesar de sus precauciones aquello mismo que temía le aconteció después.
Fue despojado de sus honores, fue derribado de su alto cargo y, atormentado por el remordimiento y el orgullo herido, poco después de la crucifixión se quitó la vida”.
Antes que fuera llevado Cristo para ser crucificado, los soldados le pusieron un manto viejo color púrpura, le colocaron una corona de espinas, lo escupieron y con una vara le golpeaban la corona de espinas que estaba sobre su cabeza. ¡Qué gran sacrificio que hizo Jesús para otorgarnos vida eterna!
Hasta los ladrones que fueron crucificado a cada costado lo insultaban.
Sin embargo, cuando Jesús expiró, el centurión romano, que participó con su batallón en la crucifixión de Cristo, que había presenciado el proceso de su martirio, las palabras e insultos de sus acusadores, los golpes y puñetes, quedó asombrado por la muerte del Salvador, que exclamó: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios”.
CITA SELECTA.
“Cuando las tinieblas se alzaron de la cruz, y el Salvador hubo exhalado su clamor moribundo, inmediatamente se oyó otra voz que decía: “Verdaderamente Hijo de Dios era éste.” Estas palabras no fueron pronunciadas en un murmullo. Todos los ojos se volvieron para ver de dónde venían. ¿Quién había hablado? Era el centurión, el soldado romano. La divina paciencia del Salvador y su muerte repentina, con el clamor de victoria en los labios, habían impresionado a ese pagano. En el cuerpo magullado y quebrantado que pendía de la cruz, el centurión reconoció la figura del Hijo de Dios. No pudo menos que confesar su fe… En el mismo día de su muerte, tres hombres, que diferían ampliamente el uno del otro, habían declarado su fe: el que comandaba la guardia romana, el que llevó la cruz del Salvador, y el que murió en la cruz a su lado” (DTG 715).
ORACIÓN:
PADRE, TE ADORAMOS POR DARNOS REDENCIÓN. AL IGUAL QUE EL CENTURIÓN ROMANO, DECLARAMOS QUE JESÚS ES EL VERDADERO HIJO DE DIOS, EL SALVADOR DE NUESTRAS VIDAS Y DEL MUNDO. POR JESÚS, AMÉN.