VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz” (Ver. 1, 2).
COMENTARIO HISTÓRICO DE MATEO 17.
Los sucesos que se narran sucedieron “seis días después” del anuncio que Cristo hace: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”. El propósito del evangelista es demostrar que la profecía de Mateo 16:28, se cumplió porque Pedro, Santiago y Juan, vieron por breves momentos la gloria que tendrá el reino de Cristo.
Resaltemos tres aspectos de la transfiguración:
1) Su rostro y sus vestiduras se cambiaron en una luz brillante;
2) Moisés y Elías aparecen al lado de Jesús conversando;
3) Dios mismo confirma a Jesús como su Hijo amado.
Analicemos las razones por la cuales aparecen estos dos personajes conversando con Cristo:
MOISÉS. “Moisés atestiguaba la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. Representaba a aquellos que saldrán del sepulcro en la resurrección de los justos”.
ELÍAS. Elías, que había sido trasladado al cielo sin ver la muerte, representaba a aquellos que estarán viviendo en la tierra cuando venga Cristo por segunda vez, aquellos que serán “transformados, en un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta”. Con la aparición de estos dos personajes bíblicos, reafirmemos nuestra fe en la resurrección de los muertos y en la segunda venida de Cristo.
CITA SELECTA.
“Su oración es oída. Mientras está postrado humildemente sobre el suelo pedregoso, los cielos se abren de repente, las áureas puertas de la ciudad de Dios quedan abiertas de par en par, y una irradiación santa desciende sobre el monte, rodeando la figura del Salvador. Su divinidad interna refulge a través de la humanidad, y va al encuentro de la gloria que viene de lo alto. Levantándose de su posición postrada, Cristo se destaca con majestad divina. Ha desaparecido la agonía de su alma. Su rostro brilla ahora “como el sol” y sus vestiduras son “blancas como la luz. Los discípulos, despertándose, contemplan los raudales de gloria que iluminan el monte. Con temor y asombro, miran el cuerpo radiante de su Maestro” (DTG 390).
OREMOS:
PADRE, ALABAMOS TU NOMBRE, PORQUE MOISÉS Y ELÍAS YA ESTÁN DISFRUTANDO DE LA ETERNIDAD. TE PEDIMOS QUE NOS RESUCITES COMO A MOISÉS, O NOS TRANSFORMES COMO AL PROFETA ELÍAS. POR JESÚS, AMÉN.