MATEO 15. DESAFÍO: ESTAR PREPARADOS PARA ENCONTRARNOS CON DIOS

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:

“Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora” (Ver. 28).

COMENTARIO HISTÓRICO DE MATEO 15.

El capítulo 15, se inicia con la unión entre fariseos y escribas para preguntarle a Jesús, la razón por la cual sus discípulos no se lavaban las manos antes de comer para cumplir el ritual de purificación.

Jesús les responde que la verdadera limpieza, no es externa, sino en los que sale del interior, por medio de nuestros pensamientos o actos, por lo que debemos suplicar a Dios que cuide lo que vemos, oímos, para no caer en tentación de caer en adulterio, inmoralidades sexuales, robos, hablar mentiras y tener pensamientos impuros.

Luego, Jesús se retira y visita las ciudades paganas de Tiro y Sidón. En este lugar, una mujer cananea pide que sane a su hija. Después de probarla, Jesús le dice: “grande es tu fe, tu hija es sanada”.

CITA SELECTA.

“Esta mujer había oído hablar del profeta, quien, según se decía, sanaba toda clase de enfermedades. Al oír hablar de su poder, la esperanza había nacido en su corazón. Inspirada por su amor maternal, resolvió presentarle el caso de su hija. Había resuelto llevar su aflicción a Jesús. Él debía sanar a su hija. Ella había buscado ayuda en los dioses paganos, pero no la había obtenido. Y a veces se sentía tentada a pensar: ¿Qué puede hacer por mí este maestro judío? Pero había llegado esta nueva: Sana toda clase de enfermedades, sean pobres o ricos los que a él acudan por auxilio. Y decidió no perder su única esperanza. Cristo conocía la situación de esta mujer. Él sabía que ella anhelaba verle, y se colocó en su camino. Ayudándola en su aflicción, él podía dar una representación viva de la lección que quería enseñar. Para esto había traído a sus discípulos. Deseaba que ellos viesen la ignorancia existente en las ciudades y aldeas cercanas a la tierra de Israel. El pueblo al cual había sido dada toda oportunidad de comprender la verdad no conocía las necesidades de aquellos que le rodeaban. No hacía ningún esfuerzo para ayudar a las almas que estaban en tinieblas. El muro de separación que el orgullo judío había erigido impedía hasta a los discípulos sentir simpatía por el mundo pagano” (DTG 366).

ORACIÓN:

PADRE NUESTRO, TE PEDIMOS FORTALEZA PARA NO VER U OÍR LO QUE PUEDE ALEJARNOS DE TU PRESENCIA Y CAER EN TENTACIÓN. TE PEDIMOS QUE NOS AYUDES PARA NO HACER ACEPCIÓN DE PERSONAS Y QUE SEAMOS AGENTES DE SALVACIÓN A LOS QUE NOS RODEAN. POR JESÚS, AMÉN.

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