JEREMÍAS 44 – INTERROGANTE: ¿SOMOS TERCOS PARA NO ESCUCHAR A DIOS?

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: 

“No le haremos caso al mensaje que nos diste en el nombre del Señor” (Ver. 16).

COMENTARIO DE JEREMÍAS 44.

Johanán hijo de Carea, se llevó a todo el pueblo que había quedado en Jerusalén hacia Egipto. Incluso obligó a Jeremías y a su secretario Baruc a trasladarse a ese país. Cuando llegaron a Egipto se fueron a vivir a Tafné, Migdol, Patros y Menfis. Jeremías les recordó que el motivo de su situación se debía a su infidelidad al Señor, y que, si seguían con su misma obstinación idolátrica, serían exterminados. La respuesta que le dieron a Jeremías fue de desafío osado contra Dios: afirmaron que continuarían ofreciendo sacrificios a la “reina del cielo”. La diosa Ishtar era considerada la reina del cielo, y se asociaba principalmente con la sexualidad. En respuesta a este temerario e insolente insulto, Dios le anuncia que ninguno de ellos volvería a la tierra prometida y que todos morirían en Egipto. Dios nos cuide de caer en cualquier tipo de idolatría que nos aleje de Dios.

DEJEMOS LA TESTARUDEZ. Durante 40 años, Jeremías suplicó a Judá que se alejara de la idolatría y que sirviera de corazón a Dios, pero la respuesta siempre fue de rebeldía: “Así dice el SEÑOR: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos antiguos cuál es el buen camino, y andad por él; y hallaréis descanso para vuestras almas. Pero dijeron: No andaremos en él”.

ABANDONEMOS LOS PECADOS ACARICIADOS. “Nadie se lisonjee pensando que los pecados acariciados por un tiempo pueden ser fácilmente abandonados en algún momento futuro. Esto no es así. Todo pecado acariciado debilita el carácter y fortalece el hábito; y el resultado es una depravación física, mental y moral” (MCP 1: 28).

CITA SELECTA.

“Por naturaleza somos egoístas y tercos. Pero si aprendemos las lecciones que Cristo desea darnos, nos haremos partícipes de su naturaleza, y de ahí en adelante viviremos su vida. El ejemplo admirable de Cristo, la incomparable ternura con que compartía los sentimientos de los demás, llorando con los que lloraban, regocijándose con los que se regocijaban, deben ejercer una profunda influencia en el carácter de los que le siguen con sinceridad. Con palabras y actos bondadosos tratarán de allanar el camino para los pies cansados” (MCP 1:273).

ORACIÓN:

Padre eterno, te pedimos perdón porque somos tercos y no hemos querido cambiar nuestra conducta pecaminosa. Te suplicamos que tu gracia no se aleje de nosotros y que podamos cambiar a tiempo nuestras vidas, para vivir eternamente contigo. Por Jesús, amén. 

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