VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Ver. 15).
COMENTARIO ISAÍAS 57.
Isaías reafirma que el matrimonio es una relación exclusiva entre un hombre y una mujer. Por esa razón, el adulterio rompe este lazo de unión conyugal. De la misma manera, cuando el pueblo de Dios entregó su amor a los ídolos, cometieron adulterio espiritual.
En contraste con la pecaminosidad, Isaías resalta dos CUALIDADES DIVINAS que afirman el amor incondicional de Dios para con sus hijos:
1) DIOS ES SUBLIME Y ETERNO. La majestuosidad divina es indescriptible. Dios es sublime porque tiene excelencia, superioridad, belleza y perfección. Vive entre serafines y querubines por esas razones se nos desafía a adorar a Dios en la “hermosura de su santidad”. Además, Dios es eterno, porque no tiene principio ni fin;
2) DIOS ES SANTO Y HABITA EN LAS ALTURAS. Aunque Dios es Santo, anhela vivir en el corazón de los hombres y las mujeres para prodigarles perdón, paz, salud y bienestar espiritual.
Luego, el profeta presenta dos ANHELOS DE DIOS PARA SUS HIJOS:
1) QUIERE HABITAR EN EL CORAZÓN DE LOS HUMILDES. Dios promete vivir con los que se arrepienten de sus pecados y reconocen con humildad que son incapaces de salvarse por ellos mismos;
2) DIOS DESEA VIVIFICAR A LOS QUEBRANTADOS. El que se quebranta su espíritu de tristeza por el pecado y los abandona, recibirán consuelo y salvación.
CITA SELECTA.
“Estas palabras (Isa 57) están dirigidas a los que, atentos a su verdadera situación y susceptibles a la influencia del Espíritu de Dios, se humillan delante de Dios con corazón contrito. Pero Dios no puede ofrecer la paz a los que no quieren escuchar el reproche divino, que son voluntariosos e indóciles, y que se han propuesto continuar en sus propios caminos. No puede curarlos porque no quieren reconocer que necesitan curación. Dios declara de la verdadera condición de ellos: “Los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo” (Carta 106, 1896).
ORACIÓN:
Dios eterno, alabamos tu nombre santo y te adoramos por tu majestuosidad. Te suplicamos que habites en nuestros corazones, y que nos hagas humildes para recibir tu misericordia. Por Jesús, amén.