ISAÍAS 33 – ACEPTAR A CRISTO COMO NUESTRO JUEZ, REY Y SALVADOR

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:

“Porque el Señor es nuestro juez, nuestro legislador y nuestro rey, y él nos salvará” (Ver. 22).

COMENTARIO HISTÓRICO DE ISAÍAS 33.

En este capítulo, se presenta la última profecía sobre el imperio Asirio encabezado por su rey Senaquerib. En esos días, se vivían momentos de angustia, y el profeta junto con los creyentes claman a Jehová: “Ten misericordia de nosotros, porque en ti hemos confiado”. Isaías, no se sume en la derrota y el fracaso, sino que avista la victoria de Dios: Jehová traerá salvación. Isaías desafía a sus lectores a: caminar en justicia, hablar lo recto, no participar de ganancias deshonestas, no aceptar sobornos, y no participar de actos malvados; si nos alejamos del mal, podremos respirar de la atmósfera celestial y disfrutar de las alturas celestiales.

El profeta hace tres declaraciones sobre el Mesías:

1) CRISTO: NUESTRO JUEZ. “Cristo aceptó la humanidad y vivió en esta tierra una vida pura y santificada. Por esta razón ha recibido la designación de Juez. El que ocupa la posición de juez es Dios manifestado en la carne. Qué gozo será reconocer en él a nuestro Maestro y Redentor”;

2) CRISTO: NUESTRO REY. Aceptemos a Cristo como nuestro supremo rey y gobernante. Qué privilegio tendremos al compartir el reino eterno con Cristo;

3) CRISTO: NUESTRO SALVADOR. ¿Hemos aceptado a Cristo como nuestro Salvador Personal? La fe en Cristo como Salvador personal dará fuerza y solidez para vencer las tentaciones satánicas. Desarrollemos la verdadera fe en Cristo, para confiar que su muerte y resurrección es la garantía de la salvación eterna.

CITA SELECTA.

“Quede este punto completamente aclarado en cada mente: Si aceptamos a Cristo como Redentor, debemos aceptarlo como Soberano. No podemos tener la seguridad y perfecta confianza en Cristo como nuestro Salvador hasta que lo reconozcamos como nuestro Rey y seamos obedientes a sus mandamientos. Así demostramos nuestra lealtad a Dios. Entonces nuestra fe sonará genuina, porque es una fe que obra. Obra por amor. Digan de corazón: “Señor, creo que tú moriste para redimir mi alma. Si tú le has dado tal valor al alma como para ofrecer tu vida por la mía, yo voy a responder. Entrego mi vida y todas sus posibilidades, con toda mi debilidad, a tu cuidado” (FE Y OBRAS, P.13).

OREMOS:

Dios de maravillas, te agradecemos porque tu amor se manifiesta cada día sobre nuestras vidas. Hoy declaramos que aceptamos a Cristo como nuestro Juez, Rey y Salvador, le entregamos nuestras vidas, porque queremos ser sus súbditos. Por Jesús, amén.

Newsletter Updates

Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *