ISAÍAS 25 – APROPIÉMONOS DE ESTAS MARAVILLOSAS PROMESAS
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
“Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho. Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Vers. 8, 9).
COMENTARIO HISTÓRICO DE ISAÍAS 25.
EL capítulo 25 de Isaías, es un himno de alabanza a Dios por sus maravillas y por haber rescatado a su pueblo: ¡Oh Jehová, tú eres mi Dios! Te exaltaré; alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas. Esta profecía expresa la certeza de la resurrección después de la muerte. Dios promete y asegura la victoria sobre la muerte.
Dios ofrece tres grandes promesas en este capítulo:
1) DIOS DESTRUIRÁ A LA MUERTE PARA SIEMPRE. Este es uno de los pasajes bíblicos del Antiguo Testamento que asegura la destrucción de la muerte para siempre, para dar lugar a la resurrección y a la vida eterna;
2) DIOS ENJUGARÁ TODA LÁGRIMA. Dentro de muy poco, Dios secará nuestras lágrimas y suprimirá el dolor. ¿Estamos tristes porque este año la muerte arrebató la vida de algún familiar o amigo? ¿Tenemos lágrimas en nuestros rostros porque muchas personas han quedado sin trabajo y no tienen alimentos? Este mundo de pesares será convertido en un lugar de alegría, paz y vida eterna;
3) DIOS NOS SALVARÁ. Este será nuestro grito triunfante y alegre que brotará de nuestros labios cuando Cristo aparezca en las nubes de los cielos: “He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación”.
CITA SELECTA.
“Si Cristo dio su vida para salvar a los pecadores, ¿por qué no habré yo de recibir esa bendición? Mi fe la aferra, y así mi fe es la certeza de las cosas que se esperan, la convicción de lo que no se ve. Así confiando y creyendo, tengo paz para con Dios por el Señor Jesucristo. El mora en Cristo y Cristo mora en el alma por la fe suprema. El creyente confía su alma y su cuerpo a Dios, y puede decir con certeza: Cristo puede guardar lo que yo le he confiado para aquel día. Todos los que hagan esto serán salvados para vida eterna” (DIOS NOS CUIDA, P.170).
ORACIÓN:
Dios de salvación, te expresamos nuestro profundo interés de entonar este cántico de alabanza: “he aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará”. Ya deseamos vivir en ese mundo donde no habrá muerte, lágrimas ni dolor. Por Jesús, amén.